Durante setenta y dos horas, la obra respiró con pulmones nuevos.Tras la expulsión de Roberto y la cancelación del contrato con Concretos Andinos, Layla había instaurado un régimen de eficiencia militar. Bajo su mando, la cuadrilla de hierro había corregido los amarres de las zapatas, y un nuevo proveedor, más pequeño pero celosamente auditado por ella misma, había comenzado a verter el hormigón de alta resistencia. El ritmo era frenético para recuperar el tiempo perdido, pero por primera vez en meses, el ambiente estaba libre de la toxicidad de las mentiras.Mateo parecía haber rejuvenecido. Pasaba las mañanas a pie de obra, con el casco puesto, manchándose las botas junto a Layla, redescubriendo el amor por la construcción que la administración casi le había arrebatado. Y por las noches, la intimidad que había nacido en aquel contenedor se co
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