Mundo ficciónIniciar sesiónLayla no necesitó setenta y dos horas. De hecho, no necesitó ni siquiera setenta y dos minutos.
Mientras el eco de la puerta cerrándose tras la salida de Mateo aún vibraba en la pequeña caseta de obra, ella miró el contrato de Valéry & Moreau. Las letras impecables, el logo sobrio, la promesa de una vida envuelta en celofán de alta costura y prestigio intocable. Era el clímax perfecto para la historia de la niña







