La luz de la mañana se filtró a través de las pesadas cortinas de seda de la suite principal, cortando la penumbra como una cuchilla afilada. Daisy abrió los ojos. Durante una fracción de segundo, la bruma del sueño le permitió olvidar. Pensó en las sábanas de hilo egipcio, en el viaje de compras programado para esa tarde en la Milla de Oro, en el poder que ostentaba.
Y entonces, el recuerdo de la suite 412 del Hotel Wellington cayó sobre ella como un bloque de plomo.
Se sentó de golpe en la ca