Lyra despertó lentamente, envuelta en calor que la rodeaba como si fuera parte de ella. Hasta que sintió un brazo pesado descansaba sobre su cintura, posesivo incluso en el descanso. Su pecho estaba pegada a un torso sólido, piel contra piel, Ronan.Alzó la mirada con cuidado, pero él ya estaba despierto. Sus ojos grises, brillantes en la penumbra azulada, la observaban con calma. Aunque parecía estar peleando con algo interno, sin embargo, su olor la envolvía haciéndola olvidar todo.—¿Dormiste bien? —preguntó con voz ronca, aún rasposa por el sueño mientras con un dedo suyo recorrió lentamente su espalda desnuda, trazando cada vértebra como si memorizara un mapa.—Sí… —murmuró Lyra, todavía flotando entre el sueño y la realidad a la que la llevaba su toque—. ¿Y tú? —cuestionó y Ronan soltó una exhalación que casi sonó a risa seca.—No soy de dormir mucho —admitió—. Pero esta vez… descansé lo suficiente —su mano no se detuvo. Subió con deliberada lentitud, dibujando la curva de s
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