Cuando Lyra despertó, lo hizo confundida. Se sentó en la cama hasta que su mirada fue a dar con Ronan, de pie junto a la ventana, sin camisa, vistiendo solo un pantalón de chándal y sosteniendo un vaso de whisky.—Ronan —lo llamó, y él giró a verla.—¿Cómo te sientes? —preguntó, dejando el vaso de cristal sobre la mesita de noche antes de acercarse a ella. Se sentó en la orilla de la cama y acarició su mejilla.—Bien… ¿funcionó? —preguntó, buscándolo con la mirada, llena de dudas. El alfa señaló su propio brazo, donde llevaba una luna creciente. Por instinto, Lyra miró el suyo y notó que llevaba la misma marca.—Lo hizo. Ahora eres un miembro de esta manada, Lyra Blackwell —murmuró. Ella asintió. Entendía lo que significaba pertenecer a una manada, y agradecía que la acogiera, ya que siempre habían sido solo su madre y ella.—¿Por qué pagaste con sexo a la tríada? —preguntó de pronto, Ronan arqueó una ceja, sorprendido por la pregunta. Se inclinó hacia ella, colocándose sobre su
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