—La herida ha cerrado completamente —declaró el beta con voz neutra, sin rastro de sorpresa—. ¿Cómo ha ido la fiebre?
El beta retiró el vendaje del costado de Cedric con movimientos precisos, evaluando la piel regenerada con atención clínica. La herida, que días atrás había sido profunda y peligrosa, ahora apenas era una línea rosada que cruzaba su costado.
Sus ojos se desviaron hacia Kilani, que permanecía de pie junto a la ventana, con los brazos cruzados y el cuerpo rígido.
—Bien —respond