—Por aquí —indicaba Elizabet con firmeza, guiando a una mujer embarazada hacia uno de los salones acondicionados—. Mantengan a los niños juntos, no se separen —murmuraba mientras Lyra por su parte, recibía a cada grupo que cruzaba las puertas de la mansión, tratando de ofrecer algo más que instrucciones: una mirada tranquila, una voz suave, una presencia que calmara. La mayoría eran mujeres. Algunas con vientres avanzados, otras con bebés en brazos o niños aferrados a sus piernas. El miedo estaba en sus ojos, pero también la confianza… porque estaban allí. Porque ese era territorio seguro… O al menos, debía serlo. Por algo, Ronan enviaba a todos en momento de emergencia a su mansión. —Todo estará bien —repetía Lyra, aunque el vínculo en su pecho ardía, recordándole que afuera… nada estaba bien. Sus ojos azules se cruzaron con un rostro conocido, Emma quien entró con paso apresurado, sujetando las manos de sus gemelos, dos pequeños morenitos de ojos brillantes y energía inquiet
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