—El lobo que me atacó en el bosque… —su voz salió frágil, quebrándose en el aire como cristal fino. El silencio que siguió fue pesado e incómodo.
El chico sonrió.
—Sigues viva —murmuró con desprecio, inclinando ligeramente la cabeza mientras la observaba—. Debiste morir por arruinar mi cacería.
El miedo en Kilani fue inmediato. No era solo recuerdo… era instinto. Su cuerpo reconocía el peligro antes de que su mente pudiera procesarlo, Lyra se puso de pie al instante.
La silla chirrió co