—Necesito que me ayudes —susurró Calista, y por primera vez desde que Lyra la conocía, no había veneno en su voz. Solo miedo, y sus ojos, usualmente llenos de soberbia, estaban opacos, vulnerables y triste—. Mi mate… Elio… ha venido por mí —añadió, clavando la mirada en Ronan como si él fuera su única salida—. No puedo regresar con él.
El alfa se vio obligado a fruncir su ceño, no comprendía porque alguien que fue bendecida por la diosa de la luna querría estar lejos de su mate. Su sueño fue e