—¡Cedric, cuidado! —gritó Aarón por el enlace mental. El mundo pareció comprimirse en ese segundo.
La garra del Vargor descendía con una velocidad brutal, directa al cráneo del gamma. No había tiempo para esquivar. No espacio suficiente para reaccionar, pero alguien más lo hizo.
Ronan.
El alfa se lanzó sin pensarlo, interponiéndose entre la muerte y su amigo. El impacto fue seco, violento. La garra de la bestia se hundió en su muslo, desgarrando carne y músculo en un sonido húmedo que hiz