Cuando Lyra entró a la cocina, lo hizo como una tormenta que no había terminado de descargar. El golpe de la puerta contra la pared hizo que los utensilios colgados vibraran levemente, y el aire dentro de la estancia pareció tensarse de inmediato. Aún llevaba el frío del camino en la piel, pero por dentro se quemaba.
Estaba llena de celos, ira y con un orgullo bastante herido. Todo mezclado en una misma sensación amarga. Se detuvo apenas un segundo al notar que no estaba sola, Kilani estaba al