Capítulo 154. Descubiertas
—¡Vamos, viejo testarudo, abre ya, que soy yo! —rezongó una voz femenina desde el otro lado de la madera. Era una voz cascada por los años, pero con un tono imperioso, agudo y cargado de una irritación profundamente familiar—. ¡Abre antes de que esta llovizna me cale los huesos y te tire el cargamento en el barro!Al escuchar la voz, la tensión en los hombros de Barnaby pareció aflojarse un milímetro, aunque no soltó el rifle. Se volvió hacia Livia y, con un movimiento rápido de la cabeza, señaló el rincón más oscuro de la cabaña, justo detrás de un pesado armario viejo y desgastado.—Al rincón. Ahora. Y no respires —le ordenó el anciano en un susurro cortante.Livia, con el corazón en la garganta, se deslizó hacia el escondite. Se pegó contra la pared de troncos, encogiéndose todo lo posible, sosteniendo a keziah en su pecho. Desde allí, con los ojos abiertos de par en par, vio cómo Barnaby caminaba hacia la puerta con una calma exasperante. El anciano descorrió el pesado cerrojo de
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