Capítulo 159. “Esa niña no es tuya, ¿cierto?”
Mientras en las arterias industriales del oeste de Londres se desataba una cacería salvaje, a unas cuantas millas de distancia, en la quietud profunda y aparente del bosque de Surrey, el destino de la otra mitad de la familia Burke se decidía entre paredes de madera y el olor a raíces rancias.
La tormenta doméstica se había extinguido, dejando tras de sí un rastro de loza rota, papilla de moras salpicada en las botas de Barnaby y un silencio denso que cortaba la respiración. Livia, sentada fina