Capítulo 155. El delirio de los celos
Martha no daba crédito a lo que sus propios ojos le estaban mostrando en la penumbra de aquel rincón. La estampa de Livia, encogida contra los troncos con una bebé en brazos, se procesó en su cerebro. La palidez de la muchacha y el silencio sepulcral de la cabaña solo sirvieron como combustible para la hoguera de sus peores suposiciones.
Dio tres pasos hacia atrás, saliendo del rincón con los brazos rígidos a los costados y los puños apretados, como si temiera que si se acercaba más, la realida