Capítulo 152. La heredera de los callejones
El aire de Londres compartía la misma humedad gris que Livia y Barnaby respiraban en el bosque, pero aquí, el ambiente se sentía espeso, cargado del humo de los coches y del frío persistente de la llovizna. A Amara el clima ya no le quemaba la piel; el verdadero hielo lo llevaba por dentro, calcificado en el pecho desde hacía catorce días. Catorce mañanas en las que el mundo había seguido girando, catorce noches en las que los autobuses rojos de dos pisos continuaban rugiendo por las avenidas y