Capítulo 151. Raíces amargas y moras dulces
El aire de Surrey había cambiado; la niebla persistente de hace dos semanas le había dado paso a una brisa más templada, pero en el interior de la cabaña el ambiente seguía suspendido en el tiempo. La puerta principal, ahora reparada burdamente con tablones nuevos y bisagras reforzadas por las manos encallecidas de Barnaby, era un recordatorio constante de que el peligro había estado a un milímetro de alcanzarlas.
Livia apoyó el peso en su pierna izquierda. Un pinchazo leve la obligó a contener