El Archivo.
No sé exactamente qué me empuja a hacerlo.
No es curiosidad en su forma más simple, ni ese impulso infantil de abrir puertas cerradas solo porque alguien dijo que no debía.
Es algo más sutil, más persistente, una incomodidad que se instala en el pecho y no desaparece, como si el aire dentro de la mansión Armand estuviera diseñado para empujarte lentamente hacia lugares donde no deberías estar.
La mansión está en silencio.
No el tipo de silencio natural de una noche tranquila, sino uno más denso