—Loco, cuerdo... da igual. —Su mano viajó hasta mi mandíbula, obligándome a mantenerle la mirada—. Vas a aprender a amarme. Aunque sea a la fuerza. Sus ojos azules estaban fijos en los míos, analizándome. Mi corazón latió con fuerza, temiendo que se haya dado cuenta de mi actuación. Me esforcé por parecer perdida, completamente ida. —Jamás —dije, sonando indiferente, como si las palabras se arrastran por mi lengua, esperando que mi actuación lo convenciera—. Jamás me enamoraré de ti. De pronto, su mano impactó contra mi mejilla. El golpe resonó en el sótano, mi cabeza moviéndose a un lado, un cosquilleo adueñándose de mi piel lastimada al instante. Me tambaleé sobre mis propios pies, pero él me mantuvo en mi lugar. Mis rodillas repentinamente débiles, doblándose por si solas. —Vas a aprender —habló con la mandíbula apretada—. Te voy a enseñar. A la buena o a la mala. Pero vas a aprender. Y sin más, me soltó. Para mi sorpresa, caí al suelo. No fue parte de una actuación, fue mi
Leer más