••Narra Evangeline••No sabía cuánto tiempo había pasado en ese sótano. Tal vez una eternidad. O al menos, así era como me sentía. Cada minuto era una tortura. Mis ojos iban de la puerta, con la esperanza de que Cipriano entrara, al mechón de cabello sobre mi regazo, recordándome que en estos momentos estaba en los dominios de Marcello. Hice lo posible por calmar mi respiración, porque cada vez que se descontrola o sollozaba, la bilis subía por mi garganta. Tenía miedo de morir ahogada por mi propio vómito. El hedor a sudor y sangre impregnaba mi nariz, recordándome que este lugar era un procesador de sufrimiento y muerte, que muchas personas estuvieron aquí antes que yo. Por más que luchaba contra las ataduras, estas se clavaban en mis muñecas y la silla se mantenía firme en el suelo, adherida. Y entonces, la puerta chirrió nuevamente, los pasos resonaron en la madera vieja. Un traje elegante, costoso, entró en mi campo de visión. Me imaginé los ojos dorados de Cipriano, su mandíb
Leer más