ISABELLANo recuerdo en qué momento dejé de llorar. Tal vez no lo hice; tal vez simplemente me quedé ahí, con los ojos abiertos, mirando el techo, esperando que en algún punto todo dejara de doler como si alguien me hubiera arrancado algo del pecho sin avisar.El celular sigue sobre la cama, a unos centímetros de mi mano. No lo he vuelto a tocar, no hace falta. Ya vi suficiente. La apuesta, el video, el contrato… cada palabra se repite en mi cabeza con una claridad insoportable, como si mi mente hubiera decidido no darme tregua. Me cuestiono por sentirme de esta forma, es absurdo, era yo quien pretendía usar este matrimonio para llegar a ser presidenta, si hablamos de usar a alguien por conveniencia, era yo la que estaba jugando ese juego todo este tiempo, tal vez es eso lo que duele, ver que no era yo la que tenía el control sino que era una pieza en juego más grande y también ver que la forma en que me miraba, la forma en que me tocaba, cada gesto, cada detalle, todo era fingido, p
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