ELENAEsa mañana ya había comenzado mal, aunque en ese momento todavía no sabía hasta qué punto iba a torcerse.La sala de juntas estaba llena, como siempre, con ese aire controlado que tanto le gustaba a Emir, donde cada palabra parecía tener un peso calculado y cada silencio estaba perfectamente medido. Yo hablaba de cifras, de proyecciones, de cómo reposicionar la imagen de la corporación después de los últimos movimientos, mientras en la pantalla se sucedían gráficos que nadie cuestionaba demasiado. Sabía hacer mi trabajo, lo hacía bien, y eso me permitía moverme ahí dentro con una seguridad que muchos confundían con tranquilidad.Pero no lo era.Nada en mí estaba tranquilo.Desde que la vi salir de la oficina de su padre, algo había quedado incómodo dentro de mí, como una pieza mal encajada que no dejaba de moverse cada vez que respiraba. Isabella no había dicho nada, ni siquiera me había mirado de verdad, había algo en su forma de caminar, en la rigidez de sus hombros, en ese co
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