ISABELLA
La sorpresa resultó ser un barco. No era nada ostentoso ni exagerado, sino todo lo contrario, una pequeña embarcación a motor. Cuando subimos, el sol ya estaba empezando a bajar, tiñendo el horizonte de tonos cálidos que hacían que todo pareciera más lento.
Damian condujo hacia una isla cercana, yo me apoyé ligeramente en la baranda, mirando el agua mientras el hotel se iba quedando atrás. No pregunté a dónde íbamos, él tampoco explicó nada.
El viento era suave, suficiente para mover m