ISABELLA
No debería importarme tanto.
Esa fue la primera idea que intenté sostener mientras me miraba en el espejo, con el vestido aún sin terminar de acomodar, las manos torpes en la espalda intentando cerrar algo que claramente no estaba hecho para que lo hiciera sola. No debería importarme, porque no significa nada, porque esto no es una boda, porque no hay historia detrás, porque todo esto es una extensión más de una estúpidez de un par de ebrios inmaduros y que seguimos sosteniendo por con