ISABELLA
No recuerdo en qué momento dejé de llorar. Tal vez no lo hice; tal vez simplemente me quedé ahí, con los ojos abiertos, mirando el techo, esperando que en algún punto todo dejara de doler como si alguien me hubiera arrancado algo del pecho sin avisar.
El celular sigue sobre la cama, a unos centímetros de mi mano. No lo he vuelto a tocar, no hace falta. Ya vi suficiente. La apuesta, el video, el contrato… cada palabra se repite en mi cabeza con una claridad insoportable, como si mi ment