ISABELLAEl bebé no es tuyo.Las palabras salieron de mi boca y, aunque las escuché con claridad, aunque sentí cómo me atravesaban como un cuchillo, me parecieron ajenas, como si hubiera sido otra persona quien las pronunciara. Durante un instante Damián simplemente me miró, inmóvil, sin reaccionar, sin comprender, con la esperanza todavía suspendida en su rostro, incapaz de aceptar lo que acababa de escuchar.—¿Qué? —su voz fue apenas un susurro, frágil, incrédulo.Aparté la mirada porque sabía que si seguía mirándolo iba a derrumbarme, iba a decirle la verdad, iba a confesar que cuando el médico mencionó al bebé yo había pensado exactamente lo mismo que él: había imaginado Londres, una casa lejos de todos, un hijo corriendo por un jardín, las cenas, las discusiones absurdas, las reconciliaciones, las noches en que terminábamos abrazados porque ninguno soportaba dormir lejos del otro. Había imaginado una vida completa en apenas unos segundos. Una vida imposible.Porque después record
Leer más