DAMIAN España no me curó, tampoco me destruyó. La verdad era mucho más simple: España solo me dio un lugar diferente donde seguir rompiéndome. Los primeros días intenté convencerme de que aquello era exactamente lo que necesitaba. Estaba lejos de Montenegro Biotech, lejos de Villalobos Corporation, lejos de Sarah, lejos de Elena, lejos de Emir y, sobre todo, lejos de Isabella. Lejos de la mujer que amaba. Lejos de mi hermana. La sola contradicción era suficiente para volverme loco. Por eso bebía. Porque el alcohol era la única cosa capaz de apagar aquella voz durante algunas horas. No la eliminaba, no la curaba, no solucionaba nada; simplemente la silenciaba. Y en aquel momento eso era suficiente. Mis empresas en España funcionaban prácticamente solas. Tenía directivos competentes, gerentes eficientes y personas que llevaban años trabajando para mí. Solo debía aparecer de vez en cuando, firmar algunos documentos, asistir a una reunión y fingir interés. Lo hacía porque todavía conse
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