SARAH
Nunca había visto el edificio de Montenegro Biotech tan silencioso. No porque faltaran personas. Al contrario: los pasillos estaban llenos de abogados, directivos, asistentes, periodistas autorizados y miembros de la junta. Todo el mundo caminaba de un lado a otro con el rostro tenso, hablando en voz baja, mirando constantemente sus teléfonos como si esperaran que alguien les dijera que aquello era un error. Que Emir Montenegro no acababa de ser arrestado. Que las cámaras que seguían rode