Elena bajó la cabeza, y antes de que sus labios se movieran yo ya sabía cuál sería la respuesta.—No —fue apenas un murmullo, un susurro que se escapó entre sus labios casi cerrados.La palabra me atravesó como un cuchillo. Dolió más de lo que debería, porque una parte de mí, la más ingenua y desesperada, aún conservaba la esperanza absurda de que Emir lo supiera. Esa ilusión habría explicado su desinterés, su desconexión absoluta conmigo. Él me crió, cumplió con su obligación de padre, estuvo presente en cada cumpleaños, en cada recital escolar, en cada logro que yo alcanzaba. Pero su presencia nunca fue real. Nunca sentí que me amara, que estuviera orgulloso de mí. Una parte de mí quiso creer que esa frialdad se debía a que él sabía la verdad, que no me trataba como hija porque en el fondo sabía que no lo era. Pero no. No lo sabía.—¿Y por qué no se lo dijiste? —pregunté con la voz quebrada.—Nunca encontré el momento adecuado —respondió, casi justificándose.La rabia me subió como
Leer más