El mundo se hizo pedazos a mi alrededor, donde lo único real era el cuerpo inerte de Seth y el sonido asqueroso de la criatura alimentándose. Mi mente se volvió un caos absoluto, y las piezas de mi realidad se fragmentaron al verlo sin vida, tan cerca de mis manos, pero ya fuera de mi alcance. El tiempo se detuvo, congelando el aire en mis pulmones, hasta que las lágrimas finalmente rompieron la pared de mi shock y lograron salir. Pegué un grito desgarrador, fue más como un sonido que no parecía humano, al ver cómo esa cosa empezaba a devorarlo.—¡No! —chillé con desesperación.Mi voz vibró con una intensidad sorda dentro de mi pecho, hasta golpear mis costillas con fuerza. De repente, la luz que tanto le había pedido a la diosa brotó de mi interior, pero no era cálida como esperaba, era más bien una energía salvaje y abrasadora que respondía únicamente a mi dolor. En ese trance de agonía, lo único que deseaba era devolver a Seth a la vida, que todo lo ocurrido fuera una mentira
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