Salieron al pasillo en formación.Bóreas al frente, con Aynara en brazos. Detrás, Elena con el bebé. Luego Yskara, Sara, Ariel, Carla, Carlo. Milka y Tarian cerraban la retaguardia, con Kurt a la cabeza de la escolta.—Vamos a los sótanos —dijo Kurt—. Hay un búnker. Es seguro.—¿Y si nos siguen? —preguntó Carla.—No nos seguirán —respondió Tarian—. Los salvajes no los dejarán pasar.Otra explosión, más cerca esta vez. Las paredes temblaron. Algunos cuadros cayeron al suelo.El bebé lloró.—Uzziel, tranquilo —susurró Elena, acunándolo—. Todo va a estar bien.Pero el pequeño no se calmaba. Sus gritos eran agudos, desgarradores, como si supiera algo que los adultos no sabían.—Se acerca algo —dijo Aynara, de repente—. Lo siento.—¿Qué sientes? —preguntó Bóreas.—No lo sé. Pero es grande. Y viene hacia aquí.Bóreas apretó el paso.—¡Más rápido!Corrieron por los pasillos, las sombras de los cuadros y las armaduras pasando a su lado como espectros. Las explosiones seguían sonando, cada vez
Leer más