Los ojos de Bóreas, antes serenos, se encendieron con una luz dorada tan intensa que muchos apartaron la mirada. Su cuerpo se tensó. Sus manos, que descansaban a los costados, se cerraron en puños.—Repite lo que dijiste —ordenó, y su voz no era humana.La Lycan sintió que las piernas le cedían. Su cuerpo reaccionó antes que su mente. Cayó de rodillas, con la cabeza inclinada, temblando como una hoja en una tormenta.—Majestad... yo no quise...—No te pregunté qué quisiste —la interrumpió Bóreas—. Te pregunté qué dijiste.La Lycan abrió la boca, pero no salieron palabras. Su rostro había perdido todo color. Sus manos temblaban contra el suelo.—He ofendido a la reina —dijo finalmente, su voz apenas un hilo—. He ofendido a mi rey.—Sí —respondió Bóreas con frialdad—. Y has ofendido a mi hijo.El gruñido de Cronos se intensificó. Varios invitados dieron un paso atrás. Algunas Lycan, las que habían estado en el grupo, ya estaban de rodillas, rogando en silencio por que la furia no se exte
Leer más