Bóreas entró a su despacho con paso firme, aun con el frío del jardín pegado a su abrigo negro. La puerta se cerró tras él con un golpe sordo.Kurt lo esperaba de pie junto a la ventana, con las manos cruzadas detrás de la espalda en una postura de respeto. Al verlo entrar, hizo una reverencia profunda.—Majestad.Bóreas negó con la mano, un gesto rápido y familiar.—Déjate de protocolos, Kurt. Eres mi primo, prácticamente mi hermano.Kurt se enderezó, y una sonrisa maliciosa se dibujó en sus labios. Su seriedad habitual se resquebrajó, dejando ver al hombre que conocía a Bóreas desde la infancia.—Bueno, pues... —dijo con tono de complicidad—. Paseando con tu Luna, ¿eh?Bóreas levantó una ceja, pero no respondió.Kurt continuó, sin poder evitar el tono de burla cariñosa:—Tu humana. Bueno, ya no tan humana. Es preciosa, ¿sabes? Dulce, amable, hermosísima además...No terminó la frase.Un gruñido profundo, bajo y peligroso, retumbó en el despacho. No era humano. Era Cronos, asomándose
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