El olor se hizo más fuerte cuanto más se adentraba en el barranco. Luego, mezclado con él, apareció otro olor. Uno que Carlo no reconoció. Algo... diferente. Algo que no era lobo, ni humano, ni nada conocido.
Algo poderoso. Algo antiguo.
—¿Qué es esto? —preguntó en voz alta.
Nadie supo responderle. Pero uno de los lobos más viejos del grupo, un explorador experimentado llamado Rurik, frunció el ceño con expresión preocupada.
El rastro continuó. Los llevó fuera del barranco, hacia una zona más l