Mientras Ilein dormía aún en su apartamento de Milán, junto a Maximo, la mañana del gran día del Proyecto de la Seda comenzaba a despuntar con un cielo claro y azul. Los primeros rayos de sol se colaban por las cortinas de lino, iluminando el dormitorio con un brillo suave. Ajeno a los planes de su hermano Maximo, Salvatore Moretti se levantó temprano, a las seis en punto, después de haber revisado por tercera vez los detalles de la jornada en su teléfono. Se vistió con un traje oscuro de lana fina y un camisa blanca, se colocó sus zapatos de cuero negro y salió de su casa en el distrito de Brera, rumbo al Aeropuerto de Malpensa. Él era el encargado de la misión más importante: recibir a Susy, la hermana menor de Ilein,quien llegaba desde Caracas, Venezuela, en un vuelo directo que había tardado más de diez horas en llegar a Europa.Desde hacía semanas, el grupo de amigos liderado por Salvatore, junto a Florencia, Camila, Isabella y Marcelo, había estado planeando la sorpresa en secre
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