Terminamos el desayuno y, después de revisar su reloj con ese gesto preciso que parecía marcar el ritmo de todo a su alrededor, Adrián se levantó de la mesa como si el siguiente paso ya estuviera decidido desde antes de sentarse, y con total naturalidad anunció que mi primer trabajo sería en la playa antes de girarse y caminar hacia la salida del restaurante sin esperar respuesta, lo que me obligó, casi por inercia, a seguirlo mientras apresuraba el paso para no quedarme atrás. En la oficina esa dinámica era habitual, él avanzando con determinación y yo adaptándome a su ritmo, pero en ese contexto todo se sentía diferente, menos estructurado y mucho más difícil de ignorar, sobre todo cuando atravesamos la zona de la piscina y el contraste entre la calma del entorno y la intensidad de mi situación se hizo evidente, recordándome brevemente el tipo de viaje que había imaginado tener, uno tranquilo, sin complicaciones, antes de aceptar que ese plan ya no existía y que ahora estaba allí, t
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