Cuando regresé a la oficina, todo parecía exactamente igual que siempre: los mismos escritorios alineados, las mismas conversaciones en voz baja y el mismo sonido constante de teclados llenando el espacio. Pero algo había cambiado, al menos para mí. Adrián estaba en su oficina cuando llegué y pude verlo a través del vidrio hablando por teléfono con la misma calma profesional de siempre. Por un momento pensé que levantaría la vista, que notaría que había regresado del restaurante o que al menos registraría mi presencia cuando pasé frente a la puerta de su despacho, pero no lo hizo.Intenté concentrarme en el trabajo durante el resto del día, revisando agendas y respondiendo correos como hacía siempre, aunque mi mente seguía regresando al mismo momento una y otra vez: la mesa vacía, la silla frente a mí y su desaparición silenciosa sin una sola explicación.Los días siguientes fueron extraños. Adrián siempre había sido distante conmigo, eso no era algo nuevo. Yo era su secretaria y él e
Leer más