La mañana llegó con una calma que no terminaba de sentirse real.La luz entraba suavemente por las cortinas, el apartamento estaba en silencio y, por un momento, todo parecía… normal.Demasiado normal.Me moví con cuidado, todavía adaptándome a la idea de compartir ese espacio, de que ya no estaba sola, de que todo lo que había pasado no había sido un impulso aislado sino algo que seguía ahí, presente, incluso en los momentos más simples.Cuando salí de la habitación, Adrián ya estaba despierto.Estaba en la cocina, con una taza de café en la mano, revisando algo en su teléfono con esa concentración tranquila que siempre lo acompañaba.—Buenos días —murmuré, apoyándome ligeramente en el marco de la puerta.Levantó la mirada y, por un segundo que se sintió más largo de lo que debía, se detuvo por completo, como si algo lo hubiera sacado de su ritmo habitual. Sus ojos descendieron con calma hasta mi mano y se quedaron ahí, fijos en el anillo, observándolo con una atención que no era cas
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