El silencio que quedó después de las palabras de Adrián no fue incómodo, fue peligroso, de esos que no dejan espacio para respirar porque todo el mundo está pensando al mismo tiempo, recalculando, entendiendo que algo acaba de cambiar aunque nadie lo haya dicho todavía en voz alta.
Yo seguía de pie a su lado, con el pulso acelerado y la mejilla aún ardiendo, pero ya no era eso lo que importaba, porque la atención de todos estaba en él y en lo que acababa de hacer, en la forma en que había cruza