(NARRADO POR EIRA)El aroma a canela y moussaka en la casa de mis padres, que antes me resultaba reconfortante, de pronto se sentía asfixiante. Estábamos en el jardín, bajo la luz de los faroles que mi padre, Artemises, había colgado con tanto esmero, pero mi atención no estaba en la cena ni en las anécdotas de mi madre. Mi atención estaba clavada en Keelen.Estaba sentado a mi lado, pero se sentía como si estuviera a kilómetros de distancia. Sus dedos tamborileaban rítmicamente sobre la mesa de madera y, cada pocos minutos, su mano se deslizaba hacia el bolsillo de su chaqueta para consultar el celular. Su mirada estaba fija en la pantalla, con las cejas contraídas en una línea de preocupación que intentaba borrar cada vez que yo lo miraba.—¿Keelen? —le dije suavemente, tocando su brazo.Él dio un pequeño salto, cas
Leer más