(NARRADO POR KEELEN)El apartamento de Kolonaki nunca se había sentido tan grande, ni tan vacío. El silencio no era paz; era un zumbido constante que me recordaba cada palabra que Eira me había dicho antes de marcharse a casa de sus padres. Me serví un vaso de whisky, el segundo de la noche, y me senté en el suelo del salón, justo frente al ventanal que daba a una Atenas iluminada, pero apagada para mí.A mi alrededor, esparcidas como restos de un naufragio, estaban las fotos. No las de Némesis, sino las nuestras. Fotos que había recuperado de archivos digitales, de viajes antiguos y de aquel breve pero eterno tiempo en Delfos.Mis ojos se detuvieron en una imagen vieja, una que no debería estar allí. Era una foto de hace años: Drako y Eira. Ella era más joven, su
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