C41. La felicidad es un estado de vulnerabilidad.
Giovanni FerrariLa noche en alta mar tenía una cualidad sagrada que ninguna catedral de la Toscana podría igualar. Estábamos anclados en una cala virgen, lejos de las luces de la costa, donde el cielo se fundía con el agua en un abrazo de azabache y diamantes. El suave balanceo del yate era el pulso de un mundo que, por primera vez en mi vida, no intentaba matarme.Me serví una copa de agua con gas, dejando el whisky de lado; no necesitaba anestesia para este momento. Quería estar sobrio, quería grabar cada detalle de esta paz en mis retinas. Miré hacia la proa, donde Francesca estaba sentada en un diván exterior, envuelta en una manta de cachemira blanca. La luz de la luna bañaba su perfil, dándole una cualidad etérea, casi mística. Ya no era la mujer asustada que recogía escapularios del suelo; era mi mujer, la dueña de mi imperio y la guardiana de mi cordura.Me acerqué a ella y me senté a su lado, rodeándola con mi brazo. Ella se recostó en mi hombro, soltando un suspiro de sat
Ler mais