C47. El santuario de las sombras.
Giovanni Ferrari
Caminé por el pasillo sintiendo que el aire de la casa se había vuelto plomo. Cada paso me costaba un mundo. El eco del portazo de Francesca seguía retumbando en mi cabeza como una sentencia. Bajé al despacho y me encerré. El olor a whisky y cuero viejo me recibió como un viejo amigo cínico.
Me senté frente al escritorio, el mismo donde hace meses ella se entregó a mí con una pasión que creí real. Ahora, ese recuerdo me quemaba. Me miré las manos; eran las manos de un hombre qu