C48. El ritual de las sombras.
Giovanni Ferrari
El trayecto de regreso a la villa fue un descenso lento hacia una tumba de mármol. El aire acondicionado del coche blindado no lograba disipar el calor pegajoso de Palermo, pero en cuanto cruzamos el portón de hierro de la mansión, el frío se instaló en mis huesos. Era un frío que no tiene que ver con la temperatura, sino con la ausencia de alma.
Bajé del coche y caminé por el vestíbulo. El olor me golpeó de frente: incienso rancio, cera quemada y ese perfume de rosas marchitas