C17. El peso del vacío
Giovanni FerrariEl motor de mi auto rugió frente a la villa antes del amanecer. No subí a despedirme. No quería ver su rostro de mártir ni escuchar una bendición que no sentía. Le dejé una nota corta sobre la mesa del vestíbulo: "Me voy a Milán. Tres días. Decide quién eres antes de que regrese".Conducir por la carretera hacia el norte me dio una libertad que no sentía desde hace meses. El aire de Roma se había vuelto pesado, lleno de culpa y rezos. Necesitaba el frío de Milán para pensar. Pero, aunque pusiera kilómetros de por medio, el olor de Francesca seguía pegado a mi memoria. Odiaba amarla tanto. Odiaba que tuviera tanto poder sobre mi humor.Llegué al hotel y me sumergí en el trabajo. Reuniones, firmas, números. El mundo de los negocios es fácil: si das algo, recibes algo. El matrimonio, en cambio, se había vuelto un pozo donde yo tiraba todo y no recibía nada.Esa noche, en el bar del hotel, una mujer elegante se sentó a mi lado. Me miró con intención. Me ofreció un trago.
Leer más