La mañana siguiente, Marco estaba cansado, pero con una sonrisa que no podía esconder. Cada vez que Angélica pasaba cerca, le daba un agarrón que lo hacía saltar.—Juro que me siento como la mujer de esta relación, siendo acosada por el macho alfa.—Jajajaja, y eso que no has visto nada, cariño.—Oye... —dijo Marco acercándose y tomándola de la cintura—, en mi papel de damisela quiero saber qué somos.—Eres mío, mi novio. Anoche te lamí completo, y deslamida no hay.Marco rió bajo y se escondió en su cuello.—¿Me marcaste como tuyo? O sea, ¿que ya no tengo escapatoria?—No, Marco Rossi, eres mío y cuidado con mirar para el lado, porque a la primera que te coquetee le sacaré los ojos, como buen macho alfa, soy muy posesiva.—Dios, qué agresiva. Y tu amigo tratando de protegerte de mí. ¿Y a mí quién me protege?—Nadie te obligó. Te metiste solito. Ahora asume. Frente a todos serás mi novio, o mejor aún, podemos ir a firmar un contrato donde me jures amor eterno. Si quieres me visto de b
Leer más