Fabiano se paseaba de un lado a otro por la sala como un león encerrado en una jaula demasiado pequeña. Cada pocos segundos se pasaba una mano por el cabello, luego por el rostro y volvía a caminar. Victoria lo observaba desde la silla de la sala de espera de la clínica con una sonrisa enternecida mientras miraba a ese hombre grandote comportarse como un niño.George y Margaret llevaban más de una hora realizándose exámenes.Una hora, sesenta minutos, tres mil seiscientos segundos, Fabiano los había contado todos.—Les dije, princesita. Les dije que usaran condón, pero no. Estos geriátricos decidieron vivir la vida loca sin gorrito. Ahora voy a ser hermano del medio.Victoria soltó una pequeña risa.—Mi amor, cálmate.—No puedo calmarme.—Sí puedes.—No, no puedo.Victoria se acercó a él tomando su mano.—Te amo, los niños te aman, tu hijo te amará, tu sobrino pequeño te amará y estoy segura de que tu hermanito o hermanita, si es que realmente viene un bebé, también te adorará.Fabian
Leer más