Margaret y George salieron de la consulta y apenas cruzaron la puerta, encontraron a Fabiano de pie, en la sala de espera, caminando de un lado a otro como si hubiera pasado las últimas horas esperando una sentencia. En cuanto los vio aparecer, prácticamente corrió hacia ellos.
—Bueno, hijo —dijo George con una sonrisa imposible de ocultar—. Serás hermano mayor.
—¡Yo sabíaaaaaa!
Fabiano se dejó caer dramáticamente sobre una silla mientras Victoria soltaba una pequeña risa y caminaba directamen