Gisella y Marco estaban todavía en la sala de reuniones revisando algunos contratos cuando la puerta se abrió y Melany apareció con una pequeña sonrisa profesional en el rostro.—Señorita Carson, señor Rossi, su oficina ya está lista.Los ojos de Gisella brillaron al instante.—¡Maravilloso! Eres un amor, Mel. Vamos, idiota.Tomó las carpetas de la mesa y luego la mano de Marco, arrastrándolo prácticamente fuera de la sala mientras reía. Marco la siguió divertido, dejando que lo llevara como si la oficina fuera un premio recién ganado. Desde la puerta de su oficina, Ismael los observó en silencio. Su mandíbula estaba tensa y había una oscuridad peligrosa en sus ojos grises.Fabiano, que seguía tomando café como espectador oficial del caos, miró a Ismael y luego a la pareja que desaparecía por el pasillo, se acercó a Ismael solo para burlarse.—Uy… eso dolió.—Cállate, Jones.—No, gracias. Esto está demasiado entretenido.Al llegar a la oficina remodelada, Gisella abrió la puerta y sol
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