Ismael condujo en completo silencio por las calles de París, mientras Gisella seguía con el ceño todavía fruncido. La ciudad pasaba frente a ellos iluminada por el sol, pero dentro del auto el ambiente seguía extraño, tenso… aunque ya no lleno de odio como antes.
Después de unos minutos, Ismael estacionó frente al mismo restaurante donde se habían conocido.
Gisella lo miró confundida.
—¿Qué hacemos aquí?
Él no respondió de inmediato. Bajó del auto y entró al local. Gisella esperó apoyada en la