La cena pasó sin mayores complicaciones, aunque las miradas traviesas de Fabiano cada vez que Margaret ayudaba a servir hacían que ella se sonrojara una y otra vez. Intentaba mantenerse concentrada repartiendo los platos, acomodando los cubiertos y ayudando a los mellizos, pero cada vez que levantaba la vista se encontraba con la sonrisa insoportable de Fabiano observándola como si guardara el secreto más divertido del mundo.—Abuelita, ¿hablaste con mi abuelito?Micca levantó la cabeza desde su plato mientras movía las piernas emocionada.Margaret casi se atragantó con el agua. Fabiano inmediatamente soltó una tos falsa para ocultar la risa.—Uuufff… si supieras pequeña, hablaron y muy bien.—¿De verdad? —Marcel abrió los ojos lleno de ilusión—. Entonces… ¿abuelita no te irás?Margaret, completamente roja y nerviosa, terminó sonriendo con ternura al ver esas caritas expectantes.—No, mi amor… no volveré a América, por el momento.—¡¡Wiiiiiiii!!Los dos pequeños empezaron a aplaudir f
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